Editorial

Gran parte del imaginario de ciencia ficción del siglo XX representa la posibilidad de que las máquinas se conviertan en personas y que, llegado el caso, nos exterminen. Perdidas hoy “como lágrimas en la lluvia”, resulta aterrador descubrir que el peligro no está solo en el antropomorfismo mecánico sino, también, en su opuesto, que las personas nos convirtamos en máquinas. Parece que en la actualidad el hombre es víctima y verdugo de un conjunto de sistemas que eliminan sus vías de escape. El trabajo hace tiempo que dejó de ser una utopía y el ocio, en su impulso alienante, convierte cualquier anhelo de liberación en un acto de consumo. El hombre-máquina, el ciborg alegórico que se pasea “libre” por el mundo occidental, representa quizás el último eslabón de nuestro malestar, el dominio de la razón instrumental que convierte en fines utilitarios lo que debieran ser posibilidades de entendimiento. Hoy, el hombre tiene un valor, un riesgo, un número, una plusvalía…

Para aquellos que llevamos a cabo con mucho esfuerzo la Muestra de cine de Lanzarote, aún es posible abrir una fisura en este gran tsunami de datos y algoritmos en que nos estamos convirtiendo. Desde nuestra humilde posición, y un año más, y ya llevamos seis, la Muestra pretende diseccionar el rumbo tambaleante de nuestra travesía para, quizás, en algún destello, ser capaces de encontrar un reflejo que nos indique nuestra propia deriva. La programación de este año, nos acerca a una serie de cuestiones que, bajo el paraguas de la contemporaneidad, expone gran parte de las problemáticas y contradicciones de la era global en que vivimos. Memoria, trabajo, opulencia, juventud o fe resuenan en la mayoría de los trabajos, conformando una combinación delirante que trata de responder a la pregunta sobre qué es el hombre en este tiempo que nos ha tocado vivir.

Pero las películas son nuestro medio, en ningún caso nuestro fin. Lo importante no es lo que sucede en la pantalla sino la brecha que abre en nuestro propio rumbo errante, consciente e inconsciente, individual y colectivo… Las películas nos recuerdan que no somos máquinas, números, plusvalías… nos abren puertas a esa red de vivencias, sueños, imaginaciones o recuerdos que nos constituyen y que establecen nuestras percepciones de aquello que llamamos realidad. Son, en definitiva, una posibilidad y aprovecharla es, probablemente, el sentido más profundo que pueda tener la Muestra de Cine de Lanzarote.

Por este motivo, y tal y como nos presenta nuestro cartel de este año, la muestra da un gran salto. Entusiasta, joven, vigoroso y valiente. ¡No nos importa que no haya red! Estamos seguros que, en el aire, sabremos que el mundo es muy diferente a cómo se nos presenta.

VICTOR MORENO

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